72017mar

Causas del comportamiento agresivo

Las teorías del comportamiento agresivo se engloban en: Activas y Reactivas. Las activas son aquellas que ponen el origen de la agresión en los impulsos internos, lo cual vendría a significar que la agresividad es innata, que se nace o no con ella. Defensores de esta teoría: Psicoanalíticos y Etológicos. Las reactivas ponen el origen de la agresión en el medio ambiente que rodea al individuo. Dentro de éstas podemos hablar de las teorías del
impulso que dicen que la frustración facilita la agresión, pero no es una condición necesaria para ella, y la teoría del aprendizaje social que afirma que las conductas agresivas pueden aprenderse por imitación u observación de la conducta de modelos agresivos.

La Biblia, dice en el libro de Proverbios y Salmos, que todos nacemos con estas conductas, debido al pecado y se refuerzan sí, por la falta de disciplina y lo que se aprende de las malas compañías.

Habitualmente cuando un niño emite una conducta agresiva es porque reacciona ante un conflicto. Dicho conflicto puede resultar de:

  1. Problemas de relación social con otros niños o con los mayores, respecto de satisfacer los deseos del propio niño.
  2. Problemas con los adultos surgidos por no querer cumplir las órdenes que éstos le imponen.
  3. Problemas con adultos cuando éstos les castigan por haberse comportado inadecuadamente, o con otro niño cuando éste le agrede.

Sea cual sea el conflicto, provoca en el niño cierto sentimiento de frustración u emoción negativa que le hará reaccionar. La forma que tiene de reaccionar dependerá de su experiencia previa particular. El niño puede aprender a comportarse de forma agresiva porque lo imita de los padres, otros adultos o compañeros. Es lo que se llama Modelamiento. Cuando los padres castigan mediante violencia física o verbal se convierten para el niño en modelos de conductas agresivas.

Cuando el niño vive rodeado de modelos agresivos, va adquiriendo un repertorio conductual caracterizado por una cierta tendencia a responder agresivamente a las situaciones conflictivas que puedan surgir con aquellos que le rodean.

El proceso de modelamiento a que está sometido el niño durante su etapa de aprendizaje no sólo le informa de modos de conductas agresivos sino que también le informa de las consecuencias que dichas conductas agresivas tienen para los modelos. Si dichas consecuencias son agradables porque se consigue lo que se quiere tienen una mayor probabilidad de que se vuelvan a repetir en un futuro.

Por ejemplo, imaginemos que dos niños, Pablo y Marcos, de 6 y 4 años respectivamente. Pablo está jugando con una pelota tranquilamente hasta que irrumpe Marcos y empiezan a pelear o discutir por la pelota. Marcos grita y patalea porque quiere jugar con esa pelota que tiene Pablo. Nosotros nos acercamos y lamentándonos del pobre Marcos, vamos con Pablo para que le deje la pelota a Marcos. Con ello hemos conseguido que Marcos aprenda a gritar y patalear cuando quiera conseguir algo de su hermano. Hemos reforzado positivamente la conducta agresiva de Marcos, lo cual garantiza que se repita la conducta en un futuro.

De acuerdo con este modelamiento la mayoría de los adultos estamos enseñando a los niños que la mejor forma de resolver una situación conflictiva es gritándoles, porque nosotros les gritamos para decir que no griten. ¡Qué gran contradicción! Y si nos fijamos como esa solemos hacer muchas.

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